No te voy a mentir, mis ganas de hablarte no son menores. Pero tampoco hace falta decir, que mi orgullo (y mi dolor) son mayores.

No hace falta aclarar todo lo que me hiciste, pero tal vez te falta sentir todo lo que realmente me destruiste.

No voy a negar que quiero volver a verte, pero no es a vos, sino a quien yo creía conocerle.

No es mucha la fuerza que me detiene. Si insistís un poco, ¿quién dice?, tal vez conteste. Si me hablas sincera, honesta, con palabras cálidas y latientes.

Pero he aquí el problema. Sincera? Honesta? Eso es lo único en lo que no puedo verte. Ni tus buenos días, ni tus te extraños, ni tus sonrisas o abrazos.

Todo, todo, se desvanece ante la única verdad. Como un rayo láser en mis ojos, en mis oídos y mi memoria, que borra absolutamente todo, todo menos eso.

Todo, todo; menos eso…